Bases y Fundamentos

Es de imperiosa necesidad en la Republica Argentina, un profundo cambio en su modelo de salud pública. Como diríamos una amplia revolución.

En épocas pasadas, existieron otras que dejaron no solo enseñanzas sino huellas para proseguir en los cambios dinámicos que implica esta área de fundamental importancia para la sociedad, como fueron: el aumento del número de camas existentes en el país, la erradicación de enfermedades endémicas como el paludismo con campañas sumamente agresivas, la desaparición prácticamente la sífilis y las enfermedades venéreas, la creación de 234 hospitales o policlínicos, la disminución del índice de mortalidad por tuberculosis, la erradicación de epidemias como la tifus y la brucelosis, y la reducción drástica del índice de mortalidad infantil.

Si bien hablamos de una época pasada donde existían otras patologías o enfermedades prevalentes, y donde hoy casi ya no existen y otras han desaparecido; y apuntando a nuestra época actual, observarnos que existen otras que dejan igual o mayores secuelas invalidantes e irreversibles que a las anterior nombradas, como: las cardiovasculares, las muertes por accidentes viales, las patologías tumorales, por stress y el gran flagelo que azota ya a 3 generaciones de nuestros jóvenes y adultos: las adicciones a las drogas sintéticas e ilegales.

Desde esas épocas a la actual, pasaron entre 52 a 58 años, y tanto el campo de la ciencia médica como el de la salud en general, han avanzado a pasos agigantados a nivel mundial, por lo que los países fueron amoldando sus sistemas de salud junto a esos avances.

En general, Argentina en materia de salud pública fue cometiendo groseros errores a través de los años, muchos de ellos premeditados y minuciosamente planificados por los funcionarios de turnos. Uno de los errores fundamentales – utilizando métodos corruptivos – que llevo puesto a enormes presupuestos para la implementación de programas, construcción de hospitales e instalación de aparatologia de avanzada, fue la de designar médicos empresarios, como funcionarios en las carteras públicas para luego favorecer la actividad privada en detrimento del sistema público de salud.

A través del tiempo, este perverso mecanismo llevo a un desgaste progresivo de la labor profesional, al deterioro del capital tecnológico y a la destrucción de los hospitales en sus infraestructuras físicas. Si a todo esto le sumamos los magros salarios que actualmente el personal de salud publica perciben junto a la ausencia de personal calificado, nos dará como resultado final una desidia colectiva de todos sus protagonistas en esta vital área que debería ser un modelo a seguir… y que alguna vez lo fue.

Si analizamos de fondo todo lo expresado, observaremos entonces que no existe actualmente en nuestra Republica Argentina un sistema público universal de salud que brinde calidad o excelencia, agilidad, equidad y dinamismo a la hora de ser utilizado.




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